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 Niños sirios reciben tratamiento por un presunto ataque químico en una clínica improvisada en la aldea de al-Shifuniya, controlada por los rebeldes, en la región oriental de Ghouta, en las afueras de la capital, Damasco.


El gas sarín que se habría utilizado sobre la población civil en Duma y que le costó la vida a unos 150 civiles es un compuesto químico líquido, que se convierte en segundos en vapor. Es incoloro e inodoro y prácticamente indetectable. Una cantidad del tamaño de la cabeza de un alfiler puede ser fatal en minutos y sus síntomas incluyen dolor de ojos, visión borrosa, problemas respiratorios, náuseas, vómitos y diarrea. Las convulsiones pueden derivar en un fallo respiratorio y la muerte.

Fue inventado en Alemania en la década de 1930, pero nunca se llegó a utilizar en combate durante la Segunda Guerra Mundial. En los años 50, la OTAN lo calificó como un arma química convencional, por lo que muchas potencias lo desarrollaron.

La dictadura de Augusto Pinochet fue una de las que produjo este tipo de arma química para defenderse de una posible invasión de Perú, según la declaración judicial de un ex miembro de los servicios secretos en 2016. El proyecto, llamado Andrea, estaba a cargo de la Dirección de Inteligencia Nacional de Chile (DINA), dirigida por el bioquímico Eugenio Berríos.

El gas sarín fue utilizado, además, por el gobierno de Irak en 1988 para matar a miles de kurdos en Halabja, y en Japón en 1995 por la secta budista japonesa Aum Shinrikyo (Verdad Suprema), cuyos integrantes abandonaron bolsas con el producto líquido en el metro de Tokio. En el ataque que murieron 12 personas.

Siria habría comenzado a producir este gas en fábricas de pesticidas en 1988, según un informe de los departamentos de Defensa y de Estado de Estados Unidos.

Fue recién en 1993 que se firmó la Convención sobre Armas Químicas de las Naciones Unidas para prohibir la producción y almacenamiento de armas químicas, incluido el sarín, procediendo en los años siguentes a la destrucción total de las reserva de dichas armas.

En 2017, fue utilizado en la localidad Jan Sheijun, en Siria, asesinando a 100 personas e hiriendo a más de 400, según datos de los "Cascos Blancos". El hecho derivó en el bombardeo de la zona de Shayrat por la Armada de los Estados Unidos bajo la orden de Donald Trump.

Sus antídotos son la atropina y pralidoxima, que deben ser administrados inmediatamente. Además, las víctimas deben lavarse con agua y su piel y el cabello con talco o harina.

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