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(Cortesía de Nathaniel J. Dominy/Hood Museum of Art, Dartmouth College)

Hace cien años, si vivías en la región de Sepik en Nueva Guinea y querías impresionar a tus vecinos, podías amarrarte a los bíceps una daga fabricada con huesos. Cualquier parte del esqueleto sería suficiente. Las armas óseas más comunes provenían de las patas de pájaros gigantes no voladores llamados casuarios. Pero los materiales más preciados fueron los fémures humanos, eliminados de un enemigo vencido, o de los restos de un padre tras su muerte.

Nathaniel J. Dominy, un antropólogo en el Dartmouth College, ha estado estudiando estas dagas de hueso durante la mayor parte de una década. Estaba explorando el Museo de Arte Hood en Hanover (New Hampshire), cuando encontró la colección de armas óseas del museo. Los ornamentales diseños cortados en las dagas lo cautivaron.

Dominy dijo que los símbolos más poderosos estaban grabados en la empuñadura, por lo que un portador podría obtener fuerza al sostener una daga. "Son objetos realmente sorprendentes", dijo. "Formidables, feroces y hermosos".

Las dagas de hueso humano también son raras. De las aproximadamente 500 dagas de hueso que se conservan en el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, el Museo de Historia Natural Yal Peabody en New Haven (Connecticut) y el Field Museum de Chicago, solo 21 están talladas en partes humanas. El último pueblo guineano que hizo tales dagas lo hizo entre finales del siglo XIX y principios del XX. No fue posible determinar la antigüedad de esta tradición, dijo Dominy, porque hay pocos registros más allá de los relatos contemporáneos de los observadores coloniales europeos.

Dominy y sus colegas, en un nuevo estudio en la revista Royal Society Open Science, citan al antropólogo alemán Leonhard Schultze-Jena, que, en 1914, describió las armas en términos funcionales: "La daga sirve no solo para apuñalar a las arterias principales sino también, al mismo tiempo, sirve de palanca con la que uno tuerce el cuello al enemigo para rasgar la garganta, y con poder suficiente, romper el cuello".

Las dagas de hueso era símbolos de estatus. "Todas las culturas en la Tierra decoraron objetos utilitarios como ollas y sartenes o, incluso, sus propios cuerpos", explica Dominy. Estas dagas no son diferentes. Matar a un casuario era una fuente de estatus, y mejor aún era tener una daga tallada en los huesos de un guerrero de manera que se podría mostrar el poder y la fuerza simbólica de esa persona.

Dominy creó la escena: "Estos solo se usan para el combate cuerpo a cuerpo", señaló. "Ambos intentan apuñalarse en la nuca al mismo tiempo y girar".

El antropólogo quería saber cómo los guineanos manejaban esta acción violenta sin romper sus preciadas armas. Dominy tomó 10 de las dagas, cinco casuarios y cinco armas de huesos humanos, del hospital Dartmouth-Hitchcock. Dominy y sus compañeros enviaron los artículos a través de un escáner CT, que reveló un patrón común: las dagas de los huesos de las aves eran más planas que las humanas.

Los científicos también compraron una daga hecha a base de hueso de casuario que databa de la década de los setenta. Los científicos introdujeron la punta del arma en uretano, para simular clavar la daga en una articulación.

Esto demostró que los huesos de casuario son "extremadamente densos". Las aves gigantes no tienen huesos neumáticos, es decir, no están llenas de bolsas de aire como los huesos de la mayoría de las aves voladoras.

Dadas las similitudes entre el ave y el hueso humano, los científicos aplicaron los datos del casuario a los modelos informáticos tridimensionales de las armas humanas. En las simulaciones, las dagas humanas demostraron ser mucho más fuertes que las versiones de casuarios.

Estos hallazgos sugieren que la estructura de una daga humana, tallada para mantener la curva natural del hueso, explica su fortaleza superior. "Cuando los hombres están formando la daga de un fémur humano, retienen gran parte de la curvatura transversal", dijo Dominy.

El científico no estaba completamente seguro de por qué los huesos del casuario estaban diseñados para ser más débiles, pero sospecha que la llanura de la daga del casuario podría haber priorizado la comodidad sobre la fuerza. Las dagas humanas, por otro lado, fueron talladas para durar, en proporción a su valor.

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