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El domingo pasado, en el estadio de Independiente, el insulto al presidente Mauricio Macri se fue insinuando durante el partido. Pero a poco de arrancar el "Mauricio Macri la puta que te parió" perdía espesor y a los pocos segundos se apagaba. Se volvía a encender en otro sector, pero el canto no lograba consolidarse.

Después, cuando se inició el segundo tiempo, sin ningún motivo atinente a la circunstancia del juego, volvió a lanzarse, tomó forma y cubrió sino todas, al menos la mayoría de las voces del estadio.

En los últimos fines de semana, el ritual se reiteró durante otros partidos. Ayer a la noche el bramido surgió en el de Gimnasia y Esgrima de La Plata y San Lorenzo.

¿Qué refleja esta modalidad?
¿Es el brote de una desilusión política?
¿Un repentino cambio en el humor social?
¿La caída de las expectativas a futuro que se trazan en algunos sondeos?
Y si estas hipótesis fuesen válidas, ¿por qué el canal de expresión debería concentrarse en el fútbol, en el que convergen componentes tan heterogéneos?

La pregunta de "por qué en el fútbol", un ámbito que el Presidente manejó con eficiencia y virtuosismo -y representó la base de su lanzamiento político-, se presenta ahora como un foco de rechazo a su figura, inquieta al Gobierno.

En este caso, no resulta sencillo establecer respuestas por vía del focus group.

¿El rechazo tiene una motivación exclusivamente futbolística –de aquellos hinchas recelosos de un supuesto y nunca comprobable favoritismo presidencial por Boca-, o, reflejan una "externalidad" política y social que se manifiesta en las tribunas?

Explica Pablo Alabarces, doctor en Sociología (UBA): "Si la tentación antimacrista es suponer que con esto 'empieza el fenómeno de la resistencia', esa hipótesis es falsa. Estos no son insultos por una motivación política. Es un fenómeno de la cultura futbolística, que es la paranoia. Y es una paranoia que hoy se alimenta cuando el Presidente del país es de Boca, el de la AFA es de Boca, el del Tribunal de Disciplina…. Y entonces la paranoia es: 'todo esto está hecho para Boca'. En otras épocas la paranoia en el fútbol era Clarín y Torneos y Competencias. Y se decía: 'Sale campeón el equipo que decide Clarín-TyC…. No es novedoso. Lo que sí es novedoso –prosigue-, que lo está leyendo el hincha: la concentración del poder político y futbolero en Macri y en Boca. Entonces: 'Macri, que pone a Angelici, que pone a Tapia, y además se junta con el Mellizo (Guillermo)…'. Y el hincha suma: 1 + 1, y no le da 3, le da 45…", enfatiza.

Pablo Alabarces: “No son insultos por una motivación política”

¿Hay una operación contra el Gobierno gestada oscuramente desde las canchas de fútbol?
¿Son las barras bravas de distintos clubes –San Lorenzo, River Plate, Independiente, Huracán, Chacarita, Lanús, o ayer a la noche, la de Gimnasia y Esgrima de La Plata-, todas de aliento opositor, las que azuzan a sus hinchas y los mueven en forma masiva al insulto?

Quizá ésta, la hipótesis de una "confabulación K", también sea una construcción paranoica pero del oficialismo.

Alabarces cree que los insultos son genuinos. "No hay una mano orientadora. Es poco creíble que una unidad kirchnerista hubiera bajado una directiva. El fútbol tiene autonomía. Incluso las barras, que funcionan como un poder de policía dentro de la cancha, que tienen banderas pagas, que responden a punteros, no son un poder omnímodo ni absoluto… Aún así, no me extrañaría que dirigentes del gobierno que tienen peso en los clubes estén negociando con las barras para neutralizar los cánticos, pero no es sencillo neutralizar a 40 mil personas…".

¿Hasta dónde perdurará esta "moda", o el "hit", este rito casi carnavalesco que surgió con la reanudación de los partidos de fútbol durante este mes? Es una incógnita.

Para Alabarces, los insultos propagados en los estadios no son de naturaleza política, "por despidos o aumentos de tarifas", explica. "Ahora –anota-, si esto en cuatro semanas continúa y en todas las canchas, hay un fenómeno de contagio y adquiere masividad, habría que ver. Puede ser imprevisible. Hasta ahora yo veo un reflejo paranoico frente a una concentración de poder futbolero", observa el investigador del Conicet y autor de Héroes, machos y patriotas. El fútbol entre la violencia y los medios.

Justamente: ¿esta modalidad de protesta puede emparentarse con una cultura burlona y transgresora, expresada en el origen del peronismo?
Algunos historiadores, sobre todo el inglés Daniel James, que reconstruyó aquel miércoles 17 de octubre de 1945, advirtió en la marcha de obreros de Berisso a Plaza de Mayo una atmósfera carnavalesca, festiva, pero también cargada de resentimiento contra las instituciones de las elites, que aparecían a su paso.

Esta masa que tomaba por primera vez el espacio público tenía comportamientos totalmente diferenciados de las clásicas protestas de obreros socialistas, comunistas o anarquistas. Lo carnavalesco y lo burlón era una nueva marca identitaria, asociado a lo político, como una forma de exteriorizar el reclamo a la libertad del General Perón.

¿El fútbol está canalizando hoy algún tipo de descontento a través de este tipo de ceremonias, burlonas, insolentes, transgresoras, difíciles de subordinar?

Para el escritor e hincha de Boca, Martín Kohan, los insultos no son más que la emergencia de un ardid futbolero. "De pocas cosas tendría más ganas yo que de una toma de conciencia social de las políticas de Macri, pero me temo que no se trata de nada de eso. Los insultos sólo tratan de condicionar futuros arbitrajes para perjudicar a Boca, porque hasta ahora, Boca no está siendo beneficiado", indica.

Martín Kohan

El analista de fenómenos futbolísticos y periodista Ezequiel Fernández Moores, admite la posibilidad de un "componente futbolero" en los insultos, pero no desdeña un matiz político y social a partir de caso de Huracán.

"Allí los insultos surgieron cuando se cortó la luz durante veinte minutos en el estadio. Ahí no hubo un penal no cobrado. Como tampoco lo hubo en el subte, cuando se detuvo una formación, o en el recital de Guasones, y en ambos casos aparecieron los insultos. En el imaginario del fútbol el que manda es Macri, y Macri creo que hace bastante para abonar ese imaginario. Para mí hay una mezcla de cuestiones, futboleras y políticas, pero no podría –sería muy arrogante- determinar qué nivel de composición tiene cada uno".

No pocas veces las tribunas del fútbol establecieron posicionamientos políticos.

En 1962, cuando la figura del general Onganía emergía como un líder del Ejército –en un tiempo en que el Ejército dominaba el sistema político-, para demostrar el potencial xeneize desde la Bombonera surgió el canto "¡Melones, ¡sandías, a Boca no lo paran ni los tanques de Onganía".

Un canto menos inocente despertó la figura de José López Rega, cuando el "Rodrigazo" golpeó como una masa a buena parte de los argentinos en 1975: "Lopez Re, Lopez Re, Lopez Reeeeegaaa… la puta-que te parió…", asociada al tono de "Ob-la di, ob-la da".

Otro hecho, quizá el de mayor trascendencia de la relación de fútbol y política desde la tribuna, resultó la marcha peronista cantada en el estadio de Nueva Chicago. Fue durante la dictadura militar, el 24 de octubre de 1981.

Insultos a Macri en la cancha de Huracán

El peronismo representaba una tradición en Mataderos. En junio de 1972 en el mismo estadio se lanzó la campaña del "Luche y Vuelve", punto de partida para el retorno de Perón al país.

La entonación de la marcha peronista durante el partido de ascenso provocó 49 detenciones. Como no alcanzaban los patrulleros para el traslado, un grupo fue guiado "al trote", con las manos en la nuca hasta el calabozo de la comisaría 42°.

Hubo piedras de vecinos contra el personal policial.

En el partido siguiente, en la tribuna visitante, los simpatizantes del club de Mataderos repitieron la marcha peronista pero apenas iniciaban los primeros versos transformaban el marcha en la canción del "arroz con leche, me quiero….".

El mismo juego transgresor se realizó cuando reclamaron por la libertad de los presos de Chicago, frente a la comisaría 42°.

Algunos llegaron a estar 35 días en la cárcel de Villa Devoto por cantar la marcha peronista.

Una referencia crítica sobre la "justicia del poder" también se gestó desde la tribuna a partir de la detención por uso de estupefacientes de Maradona en abril de 1991.

La hinchada de Boca marcó con su canto la contradicción en un país con una "banda de vigilantes" que ponía preso a su ídolo y marcaba el paralelismo con una alta autoridad política, que "también la toma".

River canta contra Macri durante el partido con Godoy Cruz

El consultor Enrique Zuleta Puceiro duda de que los insultos colectivos que se gestaron este mes en los estadios sean producto de una conspiración o una "emboscada".

"Pienso que es una manifestación casi típica de la relación de los presidentes con la multitud anónima, a la cual en el fondo temen y tratan de evitar. Los insultos en el fútbol no son episodios aislados ni casuales. Los estadios son un riesgo. En el pasado, podía implicar una exposición pública incomparable. Pero hoy, para un dirigente, ir a la cancha resulta una suerte de provocación. Menem era considerado un 'jetattore'. De la Rúa jamás pudo ir y Kirchner casi tampoco. La cancha es el lugar para el abucheo, el insulto. Son miles de personas anónimas que viven una especie de catarsis y desahogo de las angustias de todos los días", expresa.

El nuevo desafío del Gobierno, ahora, es de qué modo disciplinar un territorio tan anárquico e inasible como una multitud en una cancha de fútbol.

Marcelo Larraquy es periodista e historiador (UBA). Su último libro es "Primavera Sangrienta. Argentina. 1970-1973. Un país a punto de explotar. Guerrilla, presos políticos y represión ilegal". Ed. Sudamericana.

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