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Esa antigua construcción de adobe crudo mirando al norte, con una desvencijada puerta en el centro y una ventana a cada a lado que hasta ya han perdido el color de la madera reseca, que se resiste al paso del tiempo y se mantiene en pie, fue el almacén de ramos generales “La Chiquita”, parte de la historia comercial y social de Senillosa.

No se conoce documentación que lo certifique, pero sobran las razones para dar por ciertas las versiones que indican que por allí pasó Ernesto El Che Guevara cuando con su amigo Alberto Granado iba en moto hacia el sur para luego cruzar a Chile, en 1952, en su mítico viaje.

Que se escondió algún tiempo Carlín, un compañero de aventuras del bandolero rural Juan Bautista Vairoletto, cuando lo perseguía la policía. O que el director de cine Lucas Demare también se apoyó en sus mostradores cuando filmó en el pueblo, en 1959, “Salitre”, con Enzo Viena como actor protagónico.

Inicialmente el negocio perteneció a Julio Contreras quien, le puso “La Chiquita” porque era la manera en que nombraba a una de sus dos hijas. El primer local estaba un poco más al oeste, pero lo derribaron cuando se diseñó el trazado urbano. Se lo reemplazó por el que motiva la nota, que está en la calle Mitre, a metros de la avenida San Martín, arteria principal de la ciudad.

Adelante estaba el salón, que tenía de todo, de lo que buscara. De mercadería y bebidas, incluyendo whisky, a telas, cosas de talabartería, relojes de los mejores. “Se vendía carne de lanar, principalmente, a veces también de vaca”, contó Fortuna Cartes, vecina de la ciudad a quien todos conocen por su apodo: “China”.

“China” llegó al almacén a colaborar cuando tenía 14 años y el negocio pertenecía a Abraham Fush, un comerciante europeo que tenía en sus manos las huellas de los horrores de la guerra.

Extendiendo un rollo de tela sobre el mostrador, contó “China”, conoció a Alejandro, su esposo. Éste y el recopilador Jesús Carrasco sumaron sus recuerdos y referencias sobre el almacén de ramos generales.

“Sólo estaba el almacén, enfrente la estación del ferrocarril, más cerca la escuela 91, que era un solo salón y los maestros nos daban clase a todos juntos, y unas poquitas casas”, relató la mujer.

Mitre era entonces el trazado de la Ruta 22, entonces como ahora está a cincuenta metros de la vía y por lo tanto paso obligado de los viajeros. Y en el pueblo funcionaba la balsa, que conectaba con Río Negro y lo convertía en centro comercial, de vida social y de comunicación, con la estación del ferrocarril como eje.

“Cuando falleció Fush –primeros años de la década del 60-, como era solo y no tenía familia, se cerró el almacén y nunca más se volvió a abrir. Todo quedó en manos de un apoderado, de Allen”, señaló “China”, con un dejo de nostalgia.

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