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El complejo escenario financiero que está atravesando la Argentina tiene algunos costados positivos. Uno de ellos se observa en las exportaciones frutícolas del Valle.

La devaluación que registró la moneda local en este último año reposiciona la actividad con una competitividad cambiaria que no se ve hace muchos años.

El dólar cerró este fin de semana a 23,80 pesos, cifra que representa un crecimiento interanual del orden del 51%. La mejora para los exportadores de fruta del Valle de Río Negro y Neuquén es sensible teniendo en cuenta que los principales países que compiten en terceros mercados con nuestra oferta mostraron moderadas devaluaciones y, en casos específicos, revaluaciones, como se dio con el rand en Sudáfrica. (Ver infograma adjunto)

Está claro que esta mejora se da en un contexto crítico para el país. Por lo que es difícil aplaudir lo que está pasando y, menos aún, pensar que este complejo escenario pueda mantenerse en el tiempo. Pero los fríos números reflejan que existe un cambio que está beneficiando a las economías regionales, tan golpeadas en todos estos últimos años.

En esta línea, el presidente de la Cámara Argentina de Fruticultores Integrados (CAFI), Pablo Cervi, aseguró en diálogo con “Río Negro” que la suba en el tipo de cambio cambia las expectativas, pero la actual turbulencia económica debe finalizar para poder proyectar la actividad. “Lo que nos preocupa es la estabilidad económica de país. La necesidad de un dólar competitivo es clave para la actividad, pero no en este escenario”, confió Cervi en una parte de la conversación.

La mejora competitiva permite entrever un mayor crecimiento de las exportaciones de peras y manzanas regionales a pesar de que existió una caída de la cosecha en esta temporada.

Los estudios privados locales dan cuenta de que las ventas externas alcanzarían un piso de 360.000 toneladas, reflejando una suba del orden del 12% en relación al año anterior. Esto significa, a grandes trazos, que durante la temporada pasada ingresaron divisas equivalentes a unos 5.200 millones de pesos. Para este año, las proyecciones muestran que llegarán unos 8.600 millones de pesos.

Si bien la mejora competitiva, que se registró a través de la paridad cambiaria este último año, es importante para la actividad frutícola, claramente no alcanza para torcer la inercia que arrastra el sistema. En este sentido está claro que, sin más kilos por hectárea, sin nuevas variedades, sin más calidad y sin una disminución de costos, la fruticultura del Valle en poco tiempo más volverá a mostrar los problemas que trae en sus espaldas hace décadas.

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