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Lluvia, nieve, noches gélidas, días donde la humedad se hace sentir pese al sol. El camino se pone lento, la ropa se moja, el frío cala los huesos: ese es el panorama que viven los crianceros trashumantes que a esta altura del año retornan de los campos de veranada en la cordillera para refugiarse en las invernadas.

La lluvia y la nieve sorprendieron en las últimas horas en los departamentos Chos Malal y Minas a los trashumantes en su retorno a los campos de invernada.

Los crianceros pasaron de días templados y noches frías, medianamente soportables con un buen abrigo y un fogón, a la lluvia inclemente y la nieve. Algunos estaban en la zona de Varvarco, otros en Los Malaes, también en la Cordillera del Viento, en el Llano, en cercanías de Andacollo y también entre esa localidad y Chos Malal.

La situación se complicó y forzó a activar mecanismos de ayuda, como sucedió con el municipio de Andacollo, desde donde se decidió la asistencia inmediata a los crianceros que se encontraban en las cercanías de la localidad, para ayudarlos a salir del mal paso.

“Resulta imperioso ayudar a nuestros crianceros que se vieron sorprendidos por las condiciones climáticas adversas”, aseguró el intendente de Andacollo, Ariel Aravena, quien recorrió las zonas aledañas a la comuna y decidió asistir con leña y fardos de pasto a los crianceros, para lo cual dispuso de vehículos y personal municipal.

“Es urgente la construcción de más refugios a lo largo de las rutas provinciales 54 y 43”, fue el reclamo que se oyó de los crianceros. Es que si bien cuentan con algunos refugios, muchas veces se juntan dos arreos y el espacio no alcanza y otras tantas no se logran llegar a los pocos lugares dispuestos y la noche los sorprende a la intemperie.

Un alambrado cercano siempre se transforma en el lugar propicio para poner a secar la ropa mojada como producto de la lluvia y la nieve.

A lo largo del recorrido que separa los campos de veranada de los de invernada, que en muchos de los casos alcanzan los 300 kilómetros, la pilcha campesina es fundamental, porque nadie sabe cuándo las condiciones climáticas los volverán a sorprender.

Por la escarpada geografía del norte neuquino, arroyos, ríos, montañas, cañadones, callejones de arreo, rutas y demás accidentes geográficos, los crianceros forman una parte indisoluble del paisaje del área, y llevan consigo una vida nada fácil para garantizar las pasturas de los animales, el sustento de su economía familiar.

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