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(Presidencia)

Hoy Mauricio Macri no leerá los diarios en papel ni en línea. Sabe que hablarán mal de él y quiere ahorrarse el mal trago. Se siente un incomprendido, sentimiento que no le resulta nuevo: es su karma, un destino al que está sometido más allá de su voluntad. Creció buscando el reconocimiento que su padre no le dio, eligiendo siempre caminos inexplorados para llegar a objetivos imposibles. Nada le fue dado por añadidura.

Los que votaron por él y creyeron en su economía de palabras no lo están entendiendo. Estaban dispuestos a hacer un esfuerzo, creen que lo vienen haciendo, no dudan en continuar su sacrificio, pero no conocen la dimensión del problema, ni nadie se los dice. "¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué nadie me lo dice? Soy grande, tengo derecho a prepararme, yo voy a seguir bancando, pero necesito prepararme", le dijo a Infobae una gerente de personal de una empresa mediana, madre de una adolescente en edad escolar, en pareja con un profesional que acaba de dejar su sueldo seguro para tirarse a la pileta de un emprendimiento. Lo que se dice, una típica familia que creyó y ahora se siente decepcionada.

Cambiemos apeló a la cercanía para llegar al Gobierno. Lo lograron y, al llegar, creían que no necesitaban de expertos para el manejo de la gestión. La fórmula que había alcanzado para escalar al poder, la mirada fresca en la política, se mostró poco menos que inoperante en el manejo de los asuntos complejos de un Gobierno en transición. Hoy sus votantes le piden franqueza para poder abordar sus problemas cotidianos y de respuesta solo reciben la fórmula del optimismo, que suena más a un mecanismo de defensa de los gobernantes que a una verdadero acercamiento a quienes depositaron la confianza en un "equipo" que pondría a la Argentina en marcha.

Nadie en el Gobierno debería darse por sorprendido por la falta de confianza que genera en la población el giro que tomó hace pocos días. Christine Lagarde llegó al país hace menos de dos meses, el 15 de marzo pasado, para asistir a una de las previas del G-20, la que se realizó con ministros de hacienda y presidentes de bancos centrales de los países miembros. Entre las distintas actividades que tuvo la directora ejecutiva del organismo crediticio, asistió a la Universidad Torcuato Di Tella. Allí, los alumnos le preguntaron si Argentina tomaría un crédito del FMI. "Que quede claro, no estoy aquí para negociar ningún tipo de programa, Argentina no precisa financiamiento ni lo ha solicitado". También dijo allí que "los ortodoxos pueden argumentar que hay que ir más rápido, pero en la medida en que se logre bajar el déficit 1% por año, será un gran logro". ¿Seguirá pensando lo mismo ahora, cuando Argentina sí solicitó un ayuda?

Mauricio Macri y Christine Lagarde durante la visita de la directora del FMI el pasado marzo

Así y todo, el Gobierno no dejó de tener buenas noticias. El miércoles, por ejemplo, esperaba gran cantidad de movilizaciones violentas en la Ciudad de Buenos Aires contra el tarifazo y el acuerdo con el Fondo Monetario. La Casa Rosada estaba blindada de un modo como nunca se había visto, ni qué decir el Congreso Nacional que, a una distancia de 10 cuadras por avenida Rivadavia, estaba sobrepoblado de fuerzas de seguridad preparadas para lo peor.

Sin embargo, y nadie sabe muy bien por qué, no pasó nada. Se hizo una movilización más bien discreta en el Congreso, apenas unas 4.000 personas, nadie se acercó a Casa Rosada ni a ninguno de los ingresos a Capital Federal. Sí hubo gran cantidad de micros rentados por La Cámpora y el Movimiento Evita, tal vez algún intendente del conurbano bonaerense como La Matanza o algún sindicato como el de Camioneros, que llegaron a avenida Callao casi vacíos. "Aún los más enfervorizados contra nosotros no quieren ser estar mezclados con la violencia donde pueden terminar presos y que, finalmente, nos terminan beneficiando", razonó un funcionario del Ministerio de Seguridad, gratamente sorprendido porque las críticas al acuerdo con el FMI todavía no salieron de los medios de comunicación

También sorprendió entre las principales espadas del Gobierno el silencio al que se sometió la cúpula de la UCR, que pasó de impulsar la crítica a la gestión por el aumento de las tarifas a la ausencia de comentarios en torno a una decisión de impacto trascendental como es un acuerdo con el FMI que, entre tantas cosas, traer al presente los fantasmas de los fracasos de los gobiernos de Raúl Alfonsín y Fernando De la Rúa. "Hay que bancar a full", le dijo a Infobae un destacado dirigente radical, protagonista de episodios similares en la historia de la democracia reciente.

Isabel Macedo y Juan Manuel Urtubey se retiran del hospital con su hija

Mientras tanto, un dato que no pasó desapercibido en el círculo rojo fue la ausencia del gobernador Juan Manuel Urtubey de la reunión que Macri convocó a Casa Rosada para exhibir muestras de apoyo. El salteño se excusó diciendo que aún estaba en "licencia por paternidad", ya que su esposa, la actriz Isabel Macedo, aún no había sido dada de alta después de dar a luz a Isabelita. La bebé nació de parto natural el 7 de mayo, el mismo día que nació Evita, y la noticia fue dada a conocer por Marcos, el hijo mayor del Gobernador, a través de su cuenta de Instragram, donde la recién nacida obtuvo más de 100 mil "likes".

No hay casualidades en la vida de un político. Urtubey se está mostrando como el alumno más dilecto de Jaime Durán Barba en materia de comunicación, replicando la estrategia de llegar a las mayorías despolitizadas con mensajes empáticos y familiares, alejados de las angustias de un presente que es tan parecido al pasado, lo que le brinda una plataforma impensada días atrás para un peronismo moderado y confiable para el mundo.

Tampoco a los peronistas le conviene hacer mucho ruido contra el Gobierno. "A nadie le conviene el caos, ni también puede perjudicar a las provincias, nosotros tenemos que respaldar, sin quemarnos. Ojalá todo salga bien. Y, sino, estaremos nosotros para repararlo", aseguró un hombre clave en el diseño de un peronismo competitivo para el 2019.

¿Es posible que un candidato peronista gane las elecciones presidenciales en una segunda vuelta, como hizo Macri cuando le ganó a Daniel Scioli? Diez días atrás sonaba imposible. Hoy esa pregunta cruza los escritorios de empresas, bancos, embajadas. Nadie tiene la respuesta. Están obsesionados con el precio del dólar y las tasas del lunes, es decir, con la renovada incertidumbre que volvió a instalarse en la escena argentina.

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