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Por decisión de la jueza María Servini de Cubría, Ramón Ruiz fue interventor del PJ en el 2005 y Luis Barrionuevo en el 2018.

Hasta Mauricio Macri creyó que el Gobierno tenía algo que ver en la intervención del Partido Justicialista que ordenó la jueza María Romilda Servini de Cubría. Venía de inaugurar el Encuentro Empresarial Argentina-España, ingresó a su despacho y lo informaron de la novedad. Pidió que ubicaran a José Torello, el jefe de asesores de la Presidencia de vínculo habitual con la jueza electoral, por su responsabilidad como apoderado del PRO y de la alianza Cambiemos.

Torello estaba en zona, porque esperaba participar del recibimiento al presidente del gobierno español, Mariano Rajoy. "¿Qué hiciste José", le espetó Macri. "Te juro que yo no tengo nada que ver, no estaba al tanto de nada, no sé de dónde salió esto", se apuró en contestar el abogado, preocupado pero también divertido por el entuerto en el que la jueza metió al peronismo. Que Luis Barrionuevo tenga la responsabilidad principal de "posicionar al partido de la mejor manera posible frente a los próximos comicios del año 2019", según dice el fallo de Servini, no deja de ser divertido.

El Presidente le creyó a su viejo compañero del Cardenal Newman y le pidió que lo mantenga informado. Mientras en las oficinas políticas de todos los partidos trataban de entender las razones de la sorprendente medida, Macri le dio la bienvenida a Rajoy, el primer jefe de gobierno español que visitó la Argentina en 11 años, tuvo con él un encuentro a solas, luego con los gabinetes de ambos, dieron una conferencia de prensa juntos y fueron a almorzar. A Torello no se lo vio en ningún lado. Estaba tratando de averiguar a quién se le había ocurrido tomar esa medida que dejaba tan expuesto al Gobierno.

(Télam)

Fue cuando se enteró que la jueza hacía meses que trataba de tirarle el PJ por la cabeza a alguien. Por ejemplo, supo que llamó al despacho de Carlos Corach en reiteradas oportunidades buscando ayuda e ideas para encontrar una salida a las reiteradas demandas judiciales de intervención por la repetición de irregularidades (falta de rendición de cuentas y convalidación de autoridades, ausencia de congresos nacionales, la insólita constatación de que autoridades partidarias hayan sido candidatos de otros partidos). Corach y Servini habrían conversado en torno a varias opciones, una de ellas fue la del mismísimo senador Miguel Ángel Pichetto. El ex ministro del Interior de Carlos Saúl Menem llegó a comunicarse con el líder opositor en el Senado que no dio vueltas para contestar: "Ni mamado, Carlos".

Los primeros rumores de la insólita medida de Servini llevaron a Enrique Nosiglia, socio en varios emprendimientos de Barrionuevo, y Daniel Angelici, el radical que es presidente de Boca Juniors gracias a Macri, con quien lo une una extraña amistad. Los que abonan la tesis de que son ellos los "inventores" de la intervención de Barrionuevo se basan en la convicción de que el problema del sindicalista es tener una ocupación que lo entretenga y que "Coti" y "el Tano" habrían hecho los contactos necesarios.

"Barrionuevo tiene el vínculo suficiente con la 'Chuchi', no necesita que nadie se la presente", dijo una fuente peronista a Infobae, alguien convencido de que "el problema de la jueza es que está acostumbrada a hacer oficialismo, y nadie en el Gobierno le da bolilla. Con esta medida logró la atención de todos".

(Télam)

¿Y dónde está Jorge Landau, apoderado del PJ hace 30 años? "Se tuvo que desafiliar del partido porque es secretario letrado del Consejo de la Magistratura, así que no puede realizar actividades políticas ni dedicarse horas a conversar con Servini, como lo hizo durante décadas", fue la explicación. Evidentemente, la jueza no tiene quien le charle. Y el PJ vive un vacío, nadie se ocupa de los temas partidarios, tampoco el presidente, José Luis Gioja, un dirigente tan parsimonioso que ni siquiera tomó la decisión de dar algún paso que lo aleje del kirchnerismo, para exasperación de todos los peronistas no K, lo que incluye a Servini.

En el 2005, la estructura del PJ estaba fuertemente influida por el duhaldismo. Eduardo Camaño era el presidente provisional y, entre sus dirigentes, estaba Hilda "Chiche" Duhalde, quien en un congreso del 2004 tuvo una áspera discusión con la por entonces senadora Cristina Kirchner. Su esposo, el presidente, desactivó el partido hasta que se le llevó la solución de intervenirlo, poniendo alguien que desplace al duhaldismo e incorpore a los kirchneristas.

Fue ahí que apareció el ignoto Ramón Ruiz, "el pelado", un abogado de estrecha relación con la jueza, que se había ido a vivir a España durante diez años, donde cumplía funciones para la SIDE. Con bajísimo perfil, Ruiz ordenó la siempre compleja situación administrativa del partido y con el aval del Gobierno organizó una larga normalización, que terminó en el 2008, cuando Kirchner asumió como presidente del PJ. Quienes tienen un buen recuerdo de esa intervención cuentan que Ruiz solo pidió a cambio ser diputado nacional, lo que le fue concedido. Asumió el 10 de diciembre de 2007.

Seguía ocupándose de algunos temas partidarios, pero en el 2010 murió de cáncer. Más tarde, en el 2015, antes de la derrota del peronismo en las elecciones presidenciales, murió Juan Carlos "Chueco" Mazzón, el eterno operador en las sombras del peronismo. Tampoco está Landau, hoy en el Consejo de la Magistratura, como se dijo más arriba. Ni Eduardo Fellner, el más claro representante del peronismo de los gobernadores y presidente del PJ hasta que asumió Gioja, y hoy en una difícil situación judicial, aunque haya sido dejado en libertad.

La jueza que tapó cada inconsistencia administrativa del PJ levantando el teléfono de los dirigentes y apelando al diálogo, ya no tiene interlocutores. Los peronistas que condujeron durante 30 años la corporación partidaria durante la democracia, ya no están. Gioja, que era el referente que los peronistas no K esperaban que liderara la transición hacia un peronismo competitivo, que fuera el puente hacia lo nuevo, como en su tiempo lo fue Antonio Cafiero, no estuvo a la altura del desafío. El principal partido de oposición boquea y nadie tomaba ninguna decisión.

María Servini de Cubría (NA)

Servini impuso un fallo sin duda discrecional, apelando al único dirigente que encontró con voluntad de hacer cumplir su mandato. Quienes la conocen dicen que no toleraba que nadie quisiera hacerse cargo de un problema que ella juzga grave, a saber, que "el grado de división alcanzado, con líneas internas partidarias que se ubican en las antípodas del pensamiento político, ha creado una situación crítica insostenible que de permanecer en el tiempo, podría afectar la propia existencia del partido". Tiene razón, pero no deja de sonar desopilante que una jueza de fundamentos propios de un militante partidario.

Barrionuevo viene fracasando en todos sus intentos de recuperar influencia. Creyó que con Macri tendría una oportunidad, pero no lo logró. El Presidente no sólo dejó de atenderle el teléfono, sino que corrió del Gobierno a Ezequiel Sabor, un funcionario que juzgaba más barrionuevista que macrista. Aconsejado por Angelici, dejó solo a Hugo Moyano en su marcha contra el Gobierno, lo que puede hacer suponer que le valdrá la recuperación del vínculo con el Gobierno. "Barrionuevo es un problema del peronismo, nosotros no tenemos nada que ver", dijo un hombre del PRO.

La primera foto que se sacó el dirigente gastronómico fue con otro peronista, Gustavo Sáenz, que fue en la lista de Cambiemos en las legislativas del 2017, y aspira a ganarle al candidato a gobernador de Juan Manuel Urtubey en el 2019. Fue el mismo día que el intendente de Salta estuvo en la Residencia de Olivos y se sacó otra foto, con intendentes de Cambiemos (Néstor Grindetti, de Lanús, Diego Valenzuela, de Tres de Febrero, José del Corral, de Santa Fe) y el presidente, en un encuentro organizado por Jorge Macri. ¿El gastronómico le mandó un mensaje a Urtubey o al Presidente? Nadie sabe. Barrionuevo es un mono con navaja, que puede salir disparado para cualquier lado.

El peronismo de los gobernadores, el que más o menos sigue en pie y aspira a encontrar una fórmula que les permita ser una opción competitiva en el 2019, espera que la Cámara Nacional Electoral ponga las cosas en su lugar, y retire al interventor cuanto antes de la sede de la calle Matheu. No parece ser algo que vaya a suceder pronto. Mientras tanto, otros actores que no estaban en la discusión entrarán en acción, haciendo del futuro del peronismo una incógnita todavía más grande. Cuando la Justicia se pronuncie en forma definitiva, el panorama ya será otro. ¿Cuál? Difícil saberlo ahora.

Quizás el fallo de Servini fue poner en blanco sobre negro la situación real del peronismo hoy: un movimiento desorientado e incapaz de comprender las razones que lo llevaron a la derrota. En tiempos donde la agenda institucional está en el centro del debate público, ese desprecio por la "herramienta" electoral no parece la mejor carta para ganar elecciones.

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