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Los actores que encarnarán al Gitano en la serie Sandro de América (Agustín Sullivan –27–, Marco Antonio Caponi –34– y Antonio Grimau –73–) hablaron en exclusiva con GENTE junto a Olga Garaventa, viuda del ídolo.

Olga junto a los galanes que interpretan a Sandro en la serie sobre su vida posan junto al auto favorito del Gitano. (Foto Christian Beliera/GENTE)

La primera observación de la charla la hizo Olga: "Roberto no hubiera permitido que les sirviéramos las gaseosas desde la botella. Siempre se hacía en jarras. Y el vino, en decantador". Pero sí están las mismas tazas de café y las cucharitas de oro para revolver el azúcar. "Tenía un refinamiento que había que respetar", acotó Grimau.

Olga rodeada de las distintas versiones de Sandro en la serie. (Foto Christian Beliera/GENTE)

–¿Alguna vez pensaron que conocerían esta casa?
Grimau: Soñé toda la vida con estar acá. A Sandro lo conocí en la cancha de Nueva Chicago. Yo vendía Coca Cola en la tribuna, escuché una voz y vi en el escenario a un señor con un carisma tremendo. Yo soy de Lanús, y me influenció. Me dejaba las patillas como él, intentaba vestirme parecido…
Caponi: ¡Robabas con eso! (risas)

Antonio Grimau como Sandro de América. (Foto Telefé)

–¿Trabajó con él, Antonio?
G: No. Sí lo traté brevemente cuando hice una coproducción con Puerto Rico, llamada La cruz de papel. El conocía a dos actores portorriqueños del elenco, porque en ese país había rodado una novela, y los agasajó con champagne y una gran torta. Era muy generoso. Después lo fui a ver al Gran Rex, donde tuvo la deferencia de decir que "en la platea hay un atorrante del Sur, igual que yo", y bajé al camarín a agradecerle. No fue más que eso.
C: Desde que fui elegido para contar su vida, lo primero que fantaseé fue entrar a su casa. Conocía su música y me conmueven muchas de sus canciones. No me consideraba un fan, pero desde que profundicé en su historia me fanaticé.

Sandro en una escena que gráfica los comienzos con Los de Fuego.

Sullivan: También tenía muchas ganas de venir. Me siento como en un museo. En mi cabeza conecto la casa con lo que hicimos y digo: "Uh, acá pasó tal o cual cosa". Por ejemplo, a Olga una vez le pregunté qué hacía después de comer un domingo, y era en la cocina donde estuvimos.
Olga: Era su lugar favorito. Sólo cambié el televisor que usaba él por un plasma. Lo demás se mantiene tal cual. Me siento bien acá; ya hace 13 años que estoy. Pero a veces la soledad da cosa. Es que mis hijos ya tienen su vida. Les confieso algo… Estoy tomando una costumbre que tenía Roberto antes de vivir conmigo: ceno mientras hablo por teléfono, llamo a una amiga para sentirme acompañada. Y no almuerzo, porque comer sola dos veces en el día, no.

Muriel Santana interpreta a Olga en la serie.

–¿En el guión se vio reflejada, Olga?
O: Vi sólo tres capítulos que me emocionaron muchísimo. Del rol de Muriel Santa Ana, que hace de mí, vi sólo pantallazos, no puedo hablar. Pero estuvo acá y me gustó. Tiene el perfil de una chica muy tranquila, como yo.

–¿Qué le pasaba mientras leía su historia con las mujeres que la precedieron?
O: Nada. El me contó toda su vida anterior. Nunca me sentí celosa de su pasado, no da. Yo estuve en su vida desde el 2005 hasta ahora.

La China Suárez interpreta a uno de los amores del Gitano. (Foto Telefe)

–¿Después de interpretarlo, cambió la idea que tenían sobre Sandro?
G: En mi caso sí. Lo encaré con el respeto que implica personificar a alguien real, no de ficción, además amado y venerado por la gente. Me nutrí del libro de Olga y del de Graciela Guiñazú, y descubrí una espiritualidad que desconocía, más allá del artista. Y lo amé más todavía.
C: Después de transitarlo, no podría decir quién fue. Me encontré con muchísimas más facetas de las que creía. Me llamó la atención cómo calaba hondo su discurso. Todos vemos la rosa, pero había algo que no era tan literal, que lo hizo trascender en el tiempo.
S: De Sandro conocía los hits, algo de las películas y nada más. Como soy bastante nerd, me puse a investigarlo. Es magnético, fantástico. Y aunque él es Roberto, el que construyó a Sandro, hay mucho de ambos en los dos. Siento que lo quiero mucho… Leyendo el libro de Graciela, descubrí valores que recuerdo en mi abuelo. Creo que nadie cayó en este proyecto porque sí.
G:Todos encontramos resonancias. A pesar del éxito y la parafernalia que lo rodeaba, supo mantener sus orígenes, sus raíces y su humildad.

En la entrada de la casa Grimau, Sullivan, Olga y Caponi sosteniendo una guitarra del ídolo. (Foto Christian Beliera/GENTE)

–¿En la serie se va a entender la necesidad de construir una vida misteriosa, del muro que levantó Roberto Sánchez aquí en su casa?
S:Sí. Se cuenta y se muestra por qué tomó esa decisión, y las consecuencias que tuvo en él.
G: Tuvo la inteligencia y la sensibilidad de separar su privacidad de la algarabía, para llevar una vida donde el monstruo no lo comiera.
C: Pienso en la pared y la necesidad de preservarse, de tener su templo. Por más grande que sea esta mansión, si nos quedamos en silencio estamos en un hogar.

Olga abrió las puertas de su hogar (Foto Christian Beliera/GENTE)

O: En realidad, costó desglosar al personaje de lo que era él. Sandro era muy fuerte, lo atrapaba. Al final, logró vivir como Roberto. Durante muchos años dijo a todo "sí", hasta que supo poner el "no". Y había que ser firme, porque si aflojaba, el personaje lo volvía a atrapar. No era fácil: tenía veinte mil ojos encima. Piensen que al comienzo de su enfermedad (enfisema pulmonar obstructivo crónico, EPOC) pasó 18 meses acá adentro, sin ver la calle. No cualquiera soporta eso. Lo debe haber sufrido; tenía inhibida su libertad. El quiso ser Sandro y después se dio cuenta de que eso lo limitó. Al final me dijo: "Yo también soy lo que fabriqué, ese mito". Cuando se sentía mal, se iba a las tres de la mañana a Valentín Alsina y se sentaba en la puerta de su casa de la calle Tuyutí, donde nació. Necesitaba ese quiebre, ser Roberto.

Una escena de la Sandro de América con un Sandro en plena transformación.

C: Hay un desarraigo que sucede entre ese comienzo y llegar a ser el número uno de Latinoamérica. No es que él haya perdido el horizonte, sino que los demás dejaron de verlo como Roberto y sólo veían a Sandro. Eso debe ser doloroso.
O: Exacto. En algún momento quiso volver a ser el pibe de barrio, el chico que trabajaba en la vinería. Cuando se daba cuenta de que era imposible, era una lucha. Cuando se enfermó, lo llevó con altura, respeto y dignidad. Pero estaba triste y dolido.

Sullivan en la piel de Sandro cuando comenzaba con Los de Fuego.

–¿Cuál fue el momento que más los conmovió de cada etapa que les tocó interpretar?
S: Cuando al cantante de Los de Fuego le agarra pánico escénico, se queda mudo, y él se pone a cantar y bailar para salvar la situación. Ahí se lo vio por primera vez en su esencia. Lo grabamos en el escenario original y me puso la piel de gallina hacerlo.
C: Al cantar Así me pegué un viaje, literal. Aunque no ponía la voz, las lágrimas y la respiración sucedían en tiempo y forma con la canción. Cerré los ojos y me liberé. Mandé todo al carajo y me puse a cantar con una autoridad que me conmovió muchísimo. Fue un trance de cuatro minutos.

La caracterización de las 3 etapas en la vida de Sandro en la piel de Caponi, Grimau y Sullivan.

G: Hubo un momento muy fuerte. Cuando termina el show en el Gran Rex, quiere volver a cantar y el médico se lo prohíbe. El pide por favor que lo dejen un poco más. Es conmovedor, porque sabía que no iba a volver. Eso se hizo en el teatro, con "las nenas" reales y Olga ahí mismo. ¿La verdad? Pensé que algún bife de sus fanáticas me iba a comer, pero fueron buena onda.
O: Recordé cuando trabajaba con Aldo Aresi (su último representante) y veía esa euforia. Miraba a "las nenas" y a Antonio, que lo hace maravillosamente, pero de pronto pensé "él no está" y me tuve que ir… Me descompuse. Como cuando escuché el CD de Duetos. Tengo un equipo maravilloso para oír música, pero me encerré en la camioneta. En un momento miré hacia arriba y dije: "Rober, yo no puedo creer que no estés más". Tengo unos días muy sensibles.

Isabel Macedo como Julia Visciani.

–Ustedes son actores. ¿Imaginan vivir con ese nivel de fanatismo alrededor?
G: En mi pasado de galán he rozado esa experiencia… (risas)
O: Yo tenía mis miedos, porque son muy celosas de Sandro. Lo veían perfecto, inmaculado. Yo las amo, porque fueron parte de su vida. Cuando vi que estaba todo bien, que estaban felices, me quedé tranquila.
C: Son barrabravas (risas). Yo no lo desearía. Una vez tuve un club de fans y me dio vértigo. ¡No quise saber nada! Corrés el riesgo de no avanzar a tu ritmo y quedarte en el que quieran tus fans.
G: Atender a ese público tan particular es un oficio aparte. Pero lo respeto. Creo que él necesitaba de esa gente, de esa devolución.

–¿Cómo lidiaba Roberto con eso?
O: Lo agradecía, pero a veces me confesaba que era demasiado. Le mandaban muchas estampitas, vírgenes, rosarios, cartas… Tengo todo guardado. El tenía una agenda donde marcaba los cumpleaños, y las llamaba.

Olga rodeada de las distintas versiones de Sandro en la serie. (Foto Christian Beliera/GENTE)

–¿Qué les dejó hacer la vida de Sandro?
G: Se lo dije a Caetano: "Vengo a grabar en estado de gracia". Cada vez que me colocaba su bata era una conmoción. Creo que logramos alejarnos del mito y acercarnos al hombre.
C: Para mí fue un proyecto bisagra. Me hizo pensar hacia dónde quiero ir. Y decidí que la música va a ser un camino. Nosotros, con respeto, vamos a contar su vida, con los momentos de luz y de oscuridad. Si aunque sea por segundos logramos que el público vea a Sandro, habremos cumplido.

Durante la charla con Hugo Martin de GENTE en la casa de Banfield.

S: Mucha gente me conocerá por esta serie. Es un antes y un después. Sandro, para mí, dejó el mensaje de que debemos ir por nuestros sueños.
O: Confieso que me tuvieron que convencer para hacer esto. Tengo mucho respeto por su imagen, y hay muchas partes de la serie que son ficción. Pero estoy contenta con que lo hayan hecho. Caetano fue un director maravilloso. Y Sandro merecía tener un homenaje como esta serie. Todo lo que sea para honrarlo, en buena hora.

Por Hugo Martín

Producción: Audrey Liceaga.
Make up y Pelo: Clarisa Reynoso.
Agradecimientos: Zapatos Pasotti, Sathya, Reynal Duggan Ropa de Etiqueta y Sastrería, Liguria, Agencia AB, Pablo Ferraudi y Graciela Guiñazú y Eduardo Barone.

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