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El escritor Marcos Aguinis visitó los estudios de Infobae y analizó la realidad política nacional e internacional. Hizo especial hincapié en la necesidad de que la Argentina "salga de la inmoralidad" que arrastra desde los gobierno militares y criticó al presidente Mauricio Macri por no haberle pedido la renuncia a los ministros Juan José Aranguren, Luis Caputo y Jorge Triaca por las denuncias en su contra.

En cuanto al peronismo dijo que lo ve "inmaduro" en su rol de oposición y consideró que el Frente Renovador tiene "más futuro" como representación del Partido Justicialista que el kirchnerismo.

En una entrevista que repasó varios temas, Aguinis también subrayó la falta de credibilidad que tiene hoy la Justicia y hasta se preguntó si los integrantes del Poder Judicial no deberían ser elegidos por la sociedad directamente como sucede con los integrantes del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo y así evitar que sean decisiones del poder de turno.

-¿Cómo está viendo este tiempo de la Argentina?

-El mundo está cambiando de una manera vertiginosa. Y que nos produce mareos y desconcierto. Encontramos cosas muy raras. Por ejemplo, en el siglo pasado no imaginábamos que iba a haber un incremento del terrorismo, como se está produciendo ahora. Económicamente también es extraño porque da la sensación que muchos países han avanzado hacia una cuota mayor de bienestar de crecimiento económico, pero políticamente no coincide con el crecimiento económico. El contraste notable que hay en China entre el desarrollo económico y un gobierno claramente autoritario. Y Rusia lo mismo: cómo se está volviendo un régimen autoritario después de haber pasado tanto tiempo por un autoritarismo, cosa que parecía que iba a producir un repudio a la sociedad. Y la Europa de la Unión Europea dejó de ser ya el referente más atractivo del mundo.

-¿Cómo cree que influye esto en Argentina?

-Esto influye en la Argentina también de una manera indirecta, pero nos da una oportunidad para pensar hacia dónde tenemos que seguir. Y felizmente creo que la Argentina está tomando un protagonismo más importante, no sé si porque son nuestros méritos o porque en nuestra región hay situaciones también muy curiosas, yo diría riesgosas. Lo que está pasando por ejemplo en Brasil, en Perú. Otros país, como Chile, pareciera que se está encaminando de una forma más racional y promisoria.

-¿Qué le parece riesgoso de lo que pasa en Brasil?

-Es un país que ha salido de un gobierno que ha tenido bastante popularidad y que ha llevado a la situación actual que el ex presidente -que ha sido tan popular, que ha sido reelecto, un hombre que en una elección actualmente posiblemente sacaría la mayoría de los votos, dentro de la relatividad que hay allá porque no es una mayoría única- está en este momento detenido. Y esto obviamente genera bastante sorpresa, y uno mismo no sabe si produciría en la sociedad alguna modificación de sus preferencias.

-¿Usted cree que en Brasil la detención de Lula se ajustó al debido proceso o fue parte de la politización de la justicia?

-No sé si la justicia se ha politizado o la justicia se ha degradado, ha dejado de tener la cuota de moralidad de equidistancia de responsabilidad que uno le atribuiría y que uno desearía que tenga. En general la justicia ya deja de ser la instancia que más confianza genera en la sociedad. Uno habla de tres poderes y el poder de la justicia era el más confiable a pesar de que ahora las cosas no son así. Uno se pregunta si la justicia no tendría que ser designada por la misma sociedad, así como se designa el Parlamento, y no ser producto de decisiones de los poderes de turno. Estos son cambios que nos hacen pensar que estamos realmente en una transición sin saber claramente hacia dónde vamos.

-Recién usted hablaba de corrupción. ¿Por qué cree que no se convierte en política de Estado la lucha contra la corrupción y, por el contrario, se convierte siempre es en la bandera del gobierno de turno sobre el gobierno que se fue? Porque eso es un ciclo que se viene dando del '83 hasta ahora por lo menos.

-Es muy cierto, pero tiene que ver con nuestra cortedad de miras, y se vincula con la próxima elección. Entonces no es que se está trabajando claramente para que el país progrese, para que se suba un escalón que realmente nos lleve a una situación mejor, sino que se toman medidas que están más asociadas a que se gane la próxima elección. Esto, por supuesto, es una cortedad de miras. Y por lo tanto la corrupción también está vinculada a querer combatirla pero moderadamente.

-¿Se imagina que este proceso que se inició con la asunción del Presidente Macri necesita de la reelección el año que viene? ¿Debería ser Macri nuevamente candidato a Presidente?

-A mí no me preocupa la reelección, me preocupa de que ciertas medidas que se están tomando ahora se mantengan. En general diríamos que el gobierno está sometido a una observación muy detenida de los medios de comunicación, o de la sociedad en general, para detectar cualquier signo de corrupción. Y los pocos casos que se pueden asociar con corrupción o con medidas que no son lo suficientemente éticas con el desempeño de la función pública son denunciadas. Ese es un avance importante, eso debería mantenerse. Y así en otras áreas.

-¿En qué áreas, por ejemplo, cree que la Argertina ha tenido un avance importante?

-La Argentina ha conseguido tener una muy buena imagen en el exterior. A veces los argentinos nos resistimos mucho porque tenemos una cuota contradictoria entre la vanidad y el complejo de inferioridad. Esto debería conservarse, esta imagen positiva y algunos hechos que son buenos para el país. Eso es lo que me interesa a mí, más que una reelección. Puede otro partido que vaya en esta misma dirección tomar el país. Por ejemplo, lo que está pasando dentro del Partido Justicialista: yo creo que es muy saludable a pesar de que muchos se enojan.

-¿Por qué considera que es bueno lo que ocurre en el Partido Justicialista?

-Porque El Partido Justicialista está desarrollando una lucha interna para elevarse, para desarrollarse, para mejorar y superar los aspectos negativos que tuvo durante muchos años anteriores, muchos años del pasado. Y estas son cosas positivas que tiene la Argentina. Más que la próxima elección me interesa más la dirección que va a mantener la Argentina, hacia dónde va a ir. Y si, por ejemplo, los partidos que van a ganar en la próxima contienda electoral están compuestos por elementos del partido opuesto, es decir que Cambiemos tenga peronistas o los peronistas tengan gente de Cambiemos, va a ser altamente positivo para nuestro país. Salir de esa dirección bipartidista, la famosa grieta, y superarla.

-Cuando usted habla del Partido Justicialista, ¿incluye en el Partido Justicialista al kirchnerismo, a Cristina Fernández de Kirchner, o a quién se refiere como PJ?

-Diría que Cristina nunca fue justicialista en serio, ella más bien estaba enamorada de Jorge Abelardo Ramos. Ella votó por Jorge Abelardo Ramos en las primeras elecciones que hubo en esta nueva etapa y se mantuvo alejada de los referentes principales del justicialismo. No la veo como una justicialista genuina. Y me parece que hay alguna razón por lo cual la mayor parte de los justicialistas no la quieren en sus filas… posiblemente es una pianta votos del justicialismo. Creo que los mismos justicialistas la van a terminar apartando.

-¿Cómo ve el rol de la oposición? Usted dijo en algún momento que el peronismo tiene que aprender a perder elecciones y aprender a ser oposición.

-Al pronismo veo como inmaduro. Creo que todavía no ha llegado al nivel que puede llegar. Es decir, formular propuestas que efectivamente sean útiles para un país y que muestren una asociación con el gobierno de turno para trabajar juntos en ciertos proyectos. En un principio parecía que eso existía. En el año 2016 y gran parte del 17, sino hubiera habido un apoyo de la oposición muchas leyes no se habrían aprobado. Es decir que el peronismo apoyó más de lo que hubiera imaginado.

-El Frente Renovador sobre todo…

-Pero es un sector del justicialismo. Veo dentro del Frente Renovador mucho más justicialismo con futuro que en el kirchnerismo. De modo que eso ha existido y espero que eso crezca, que eso aumente, porque lleva a lo que ha pasado en algunos países europeos donde ciertos líderes han conseguido imponerse y generar un progreso serio, como fue el caso de Alemania donde se produjo una unión con la oposición. Eso es lo que yo aspiro de la Argentina.

-¿Cómo ve el cambio en la política, las nuevas herramientas que existen y el hecho de que se esté en una especie de campaña permanente?

-Dijiste la frase exacta, se está en campaña permanente. Y esto tiene que ver fundamentalmente con los cambios sociales y los medios de comunicación. La gente prácticamente ya no está leyendo los diarios y se remite más a lo que lee internet o a lo que pasa por la pantalla. Entonces estos cambios hablan de una aceleración extraordinaria. Cuando uno a la mañana lee el diario, la mayor parte de las noticias ya las escuchó el día anterior. ¿El diario servirá en el futuro?

-¿Usted con el paso del tiempo se fue alejando más del peronismo o se fue acercando un poco?

-El peronismo vendría a ser algo así como el desarrollo del Cristianismo. El cristianismo hasta Lutero parecía uno solo. Pero ahora uno dice Cristianismo e incorpora diversas líneas. Entonces cuando uno dice cristiano, ¿a qué cristianismo se está refiriendo? El peronismo ha pasado por tantas formas, tantas manifestaciones, tantos colores, que cuando uno dice peronismo ¿a qué peronismo nos estamos refiriendo?

-¿Qué peronismo diferencia?

-Una cosa es el peronismo del comienzo, donde Perón se introduce a la política nacional con propuestas sociales verdaderamente revolucionarias, sorprendentes. Sorprendentes básicamente porque no solo lo hablaba sino que lo hacía. Lo hablaban antes los radicales y lo hablaban antes los demócratas también. Pero él (Juan Domingo Perón) lo hacía, y eso generó un gran cambio. Pero después desarrolló una línea autoritaria que fue provocando rechazo y cuestionamientos. Después de la caída de Perón aparecen distintas líneas: por un lado la línea claramente de izquierda y, poco a poco, aparece el desarrollo de la línea de (José) López Rega que es claramente de derecha.

-¿Y en la actualidad?

-Y todo esto ha llevado a distintas manifestaciones peronistas, con distintos gobiernos peronistas que son distintos entre sí. ¿Qué parecido hay entre el gobierno de López Rega y el gobierno de Cristina? López Rega ha sido un asesino, un fascia. A Cristina se le pueden criticar muchas cosas pero no podemos decir que ha sido terrorista, ni que ha sido fascista. Entonces cuando hablamos de peronismo ¿a qué peronismo nos referimos? ¿El peronismo de (Sergio) Massa, el peronismo de (Florencio) Randazzo, el peronismo de Cristina? No es claro definirlo. Pero tampoco es claro definir al radicalismo, también tuvo diversas manifestaciones. Cuando hubo enfrentamiento entre (Arturo) Frondizi e (Arturo) Iliia, parecían dos radicalismos muy opuestos.

-¿Sería algo así como la grieta dentro de los mismos partidos?

-Es esa tendencia argentina de encontrar diferencias y ponerle pimienta, como que nos divierte la diferencia de esa lucha, pero no es cierta. Yo estoy deseoso que el peronismo supere esta etapa, que vaya encontrando su línea, una línea que lo unifique detrás de grandes proyectos, que lo convierta en el partido que el país necesita. Un partido de centro, sensible a las necesidades sociales, con una historia muy rica de contradicciones que deben enriquecer el análisis del peronismo.

-¿Cuál cree que tiene que ser el rol del Estado?

-Le estamos pidiendo al Estado más de lo que le corresponde. Es como ver al Estado como la mamá o el papá que debe resolver nuestros problemas. El Estado no lo puede resolver, el Estado está integrado por nosotros, el Estado somos nosotros. El Estado está integrado por gente que ha sido votada por nosotros en el Ejecutivo y en el Parlamento. Y al Estado tenemos que llegar a través de las organizaciones políticas y a través de acciones sociales que empujen una determinada dirección. Ese es nuestro Estado. Pero decirle al Estado: "¡Mamá, papá, arreglame el tema! ¡Dame de comer, aumentá la inversión, aumentá el empleo!"… El Estado no lo puedo hacer solo si la sociedad no lo apoya. Es decir, si nosotros queremos que haya más empleo, que haya más inversión, tiene que haber seguridad jurídica, entonces todo lo que altere o impida el crecimiento de la seguridad jurídica va en contra de lo que estamos deseando.

-Estamos complicados en ese punto porque el Poder Judicial es el que hoy está más cuestionado por la sociedad, está perdiendo credibilidad sistemáticamente y sostenidamente.

-Totalmente. Desde el año '83 que recuperamos la democracia, el Poder Judicial no se ha purificado ni se ha fortificado como corresponde. Y se ha degradado enormemente. La situación por la que pasamos ahora es muy espantosa, muy lamentable. La sociedad no la quiere. Es el sector del Estado que está más descalificado.

-Si tuviera que hacer alguna crítica a la gestión del gobierno de Mauricio Macri, en estos dos años ¿Qué le parece que no está funcionando?

-A pesar de mis deseos de democracia, de igualdad, yo persigo que la humanidad tiene el "Síndrome del bebé", con el deseo de un papá o una mamá que le resuelva los problemas. Y esto creo que explica la curiosa tendencia que se está dando en el mundo de gobiero autoritarios. Fijate lo que pasó en China, lo que pasa en Rusia, y lo que está pasando en algunos países de Europa como Hungría que están eligiendo regímenes autoritarios o poderosos. Yo criticaría a este gobierno por ser demasiado prudente o demasiado cuidadoso en no querer aparecer como un gobierno autoritario.

-¿En qué sentido lo ve prudente?

-Y no lanzan proyectos o propuestas temerarias que generan el entusiasmo. Macri responde a su propia psicología cuidadosa, prudente. Macri es un hombre que ha ganado todas las elecciones a las que se ha presentado: ganó en Boca, ganó en la Ciudad y ganó la Presidencia. Y eso le da tal vez una cierta tranquilidad. Pero es prudente porque tiene varias mesas chicas, tiene reuniones, escucha, pero no se decide a tomar las riendas de forma audaz y temeraria. Yo creo que eso le falta a la Argentina. Fuera de la Argentina, el país tiene un gran prestigio, un creciente prestigio, pero dentro de Argentina no suscita el entusiasmo que necesitamos.

-Cómo analiza que haya funcionarios del gobierno con cuentas offshore que demuestran su desconfianza explícita en el propio país y la intención de evadir impuestos. ¿No es contradictorio ese mensaje?

-Bueno, este mensaje es un pecado de sincericidio que cometió Aranguren. Aranguren es un hombre que tiene una cualidad que se convirtió en defecto desde el punto de vista político: fue un sincericidio, él dijo lo que piensa. En general dice lo que piensa, es un individuo sincero. Y eso generalmente se dice que es una cualidad, pero políticamente fue un gravísimo error. Pero, obviamente que el individuo que tiene el dinero afuera tendría que tenerlo adentro.

-¿Qué tendría que hacer el presidente antes esta situación?

-Si fuera Macri le hubiera pedido la renuncia inmediatamente a Aranguren, a Triaca, a Caputo, diciéndoles "o traés el dinero inmediatamente acá, te doy 24 horas, o te tenés que ir". No podés estar en mi gobierno que pretende tener una línea moral. La Argentina tiene que salir de la inmoralidad en la que estuvo sumergida durante tanto tiempo, la inmoralidad que tenemos de la época de los regímenes militares. Es una parte indecisa de Macri. Él valoró más las cualidades ministeriales de estas tres personas, que evidentemente como ministros trabajan muy bien pero que se han equivocado.

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