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La mirada de Sebastián Acosta se clava en la última foto que tiene de su hijo Antonio (21 años). A 16 años del crimen del joven, aún busca explicaciones que la justicia de los hombres no le ha podido dar. Inmediatamente un arrebato de lágrimas y bronca le copa la garganta. Aunque hubo un largo proceso judicial y un condenado por “homicidio simple”, para la familia del Antonio, no se condenó a todos los que participaron del hecho.

El 28 de octubre del 2001, la comunidad de Lamarque recibió uno de los impactos más duros hasta ese momento, al descubrirse el cadáver del joven trabajador Antonio Acosta, asesinado salvajemente. El crimen fue el último de una larga serie de actos delictivos que sufrió la localidad en esa época, y que hizo replantear el tema de la seguridad en la ciudad.

Antonio fue encontrado asesinado a puñaladas en una vivienda desocupada a escasas cuadras del centro de Lamarque. Tenía golpes y cortes en el abdomen, el tórax, el cuello y otras zonas del cuerpo.

El caso comenzó a aclararse parcialmente cuando un joven de la localidad se entregó un día después en la comisaría. Eduardo Equiza, de 18 años, fue detenido cuando se presentó de manera espontánea ante las autoridades policiales junto con su madre.

Pero fue con el accionar en la causa del juez Carlos Vila, que subrogó en enero del 2002 al magistrado Guillermo Moyano, cuando se empezó a desentrañar lo que sucedió la noche del 27 de octubre 2001. El magistrado, en poco tiempo, ordenó la detención de cinco jóvenes, luego que se recogieran distintas pruebas sobre el caso.

Así, la causa comenzó a acumular un triste récord, en ese momento único en la provincia, luego se replicaría en el caso de Daniel Solano, dado que pasó por las manos de seis jueces distintos, hasta llegar a la Cámara Segunda de Roca para el juicio: Moyano, Vila, Mario Corres, Orlando Coscia, Daniel Drake y Alvaro Meynet.

Luego de varios años, se realizó el juicio por el que sólo fue condenado Equiza, a 9 años de cárcel. Fue liberado a los 4 años y medio por buena conducta. El resto quedo en libertad durante el proceso.

Lo que habría sucedido esa noche fue que el grupo se topó en algún momento con Antonio Acosta y lo invitaron a tomar un vino, en un descampado, cerca de un edificio abandonado.

En el camino a ese lugar se sumó un quinto hombre, que mucho tiempo después fue detenido en Chile, pero quedó fuera del caso.

En algún momento uno de los jóvenes comenzó a pelear con Acosta. La discusión habría comenzado por una chica que ambos conocían. Aunque luego salió a la luz otro condimento: una deuda por drogas. En el juicio sólo se pudo comprobar la participación de Equiza.

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