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Pequeños y talentosos ajedrecistas

Los chicos mueven las piezas con una velocidad asombrosa. El reloj aún no contó 30 segundos y la apertura se despliega con total armonía. Tras el choque de peones de rey en el centro del tablero, las blancas sacan rápido el alfil amenazando el flanco de rey. Inmediatamente el caballo negro salta la hilera de peones para defender un potencial jaque mate.

Logan, de 10 años, está detrás de las piezas blancas y Max, de apenas 7, comanda las fichas negras. Pegados, en otra mesa, Yanet Perafan, la profesora, abre juego contra Mauricio, de 10 años. Los tres niños de Cinco Saltos representaron semanas atrás a Río Negro en un torneo nacional juvenil que se desarrolló en Buenos Aires. Un par de semanas antes, en un café céntrico de la ciudad valletana, practican y se divierten con un juego tan apasionante como estratégico.

Los tres jóvenes juegan desde hace varios años y su profesora asegura que están en el mejor momento para aprender y que están muy entusiasmados en mejorar. “Leen mucho y le dedican tiempo, cada vez que le das un libro se pasan horas leyendo”, asegura Yanet que se encarga de enseñar la parte práctica. A la escuela municipal de CincoSaltos van más de 50 personas, la mayoría niños sub 12. También hacen un trabajo social y van a los barrios para enseñarle a los chicos a jugar.

Un par de semanas antes, en un café céntrico de la ciudad valletana, practican y se divierten con un juego tan apasionante como estratégico. Los tres jóvenes juegan desde hace varios años y su profesora asegura que están en el mejor momento para aprender y que están muy entusiasmados en mejorar.

“Leen mucho y le dedican tiempo, cada vez que le das un libro se pasan horas leyendo”, asegura Yanet que se encarga de enseñar la parte práctica. A la escuela municipal de Cinco Saltos van más de 50 personas, la mayoría niños sub 12. También hacen un trabajo social y van a los barrios para enseñarle a los chicos a jugar.

Max comenzó a jugar a los 5 años, fue de casualidad. Encontró un juego de ajedrez en la computadora de su casa y empezó a mover las piezas, sin conocer las reglas del juego. “Me interesó y le dije a mis papás que quería ir a clases y así empecé”, dice el niño que ya tiene nivel de un chico de 12 años.

Logan, su hermano, siguió sus mismo pasos.De la computadora a las clases. Eso sí los padres no los dejan jugar en contra.“Si jugamos tenemos que hacer tablas”, dice entre risas.

El caso de Mauricio fue distinto. Un día caminando por la plaza de la ciudad, se encontró con un ajedrez y se quedó un largo rato mirando, le gustó. Allí se encontró con Yanet que le enseñó los movimientos ese mismo día y fue suficiente.“Le enseñé a todos, a veces juego con mi papá pero siempre le ganó”, dice.
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Los chicos mueven las piezas con una velocidad asombrosa. El reloj aún no contó 30 segundos y la apertura se despliega con total armonía. Tras el choque de peones de rey en el centro del tablero, las blancas sacan rápido el alfil amenazando el flanco de rey. Inmediatamente el caballo negro salta la hilera de peones para defender un potencial jaque mate.

Logan, de 10 años, está detrás de las piezas blancas y Max, de apenas 7, comanda las fichas negras. Pegados, en otra mesa, Yanet Perafan, la profesora, abre juego contra Mauricio, de 10 años. Los tres niños de Cinco Saltos representaron semanas atrás a Río Negro en un torneo nacional juvenil que se desarrolló en Buenos Aires. Un par de semanas antes, en un café céntrico de la ciudad valletana, practican y se divierten con un juego tan apasionante como estratégico.

Los tres jóvenes juegan desde hace varios años y su profesora asegura que están en el mejor momento para aprender y que están muy entusiasmados en mejorar. “Leen mucho y le dedican tiempo, cada vez que le das un libro se pasan horas leyendo”, asegura Yanet que se encarga de enseñar la parte práctica. A la escuela municipal de CincoSaltos van más de 50 personas, la mayoría niños sub 12. También hacen un trabajo social y van a los barrios para enseñarle a los chicos a jugar.

Un par de semanas antes, en un café céntrico de la ciudad valletana, practican y se divierten con un juego tan apasionante como estratégico.
Los tres jóvenes juegan desde hace varios años y su profesora asegura que están en el mejor momento para aprender y que están muy entusiasmados en mejorar.

“Leen mucho y le dedican tiempo, cada vez que le das un libro se pasan horas leyendo”, asegura Yanet que se encarga de enseñar la parte práctica. A la escuela municipal de Cinco Saltos van más de 50 personas, la mayoría niños sub 12. También hacen un trabajo social y van a los barrios para enseñarle a los chicos a jugar.

Max comenzó a jugar a los 5 años, fue de casualidad. Encontró un juego de ajedrez en la computadora de su casa y empezó a mover las piezas, sin conocer las reglas del juego. “Me interesó y le dije a mis papás que quería ir a clases y así empecé”, dice el niño que ya tiene nivel de un chico de 12 años.

Logan, su hermano, siguió sus mismo pasos.De la computadora a las clases. Eso sí los padres no los dejan jugar en contra.“Si jugamos tenemos que hacer tablas”, dice entre risas.

El caso de Mauricio fue distinto. Un día caminando por la plaza de la ciudad, se encontró con un ajedrez y se quedó un largo rato mirando, le gustó. Allí se encontró con Yanet que le enseñó los movimientos ese mismo día y fue suficiente.“Le enseñé a todos, a veces juego con mi papá pero siempre le ganó”, dice.

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