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De 2012 a la fecha han sido asesinados en México 21 sacerdotes (Archivo)

Salvador Rangel Mendoza, obispo de la Diócesis de Chilpancingo-Chilapa, en Guerrero, despertó toda una discusión hace unos días tras revelar su reunión con un integrante del crimen organizado para que detuviera el asesinato de candidatos del estado, uno de los más peligrosos del país.

Lejos de recibir el rechazo de la cúpula eclesiástica, abrió la puerta para que otros sacerdotes admitieran que "si alguien del crimen se acerca a buscarlo a uno como sacerdote, tiene uno que atenderlo. Ahora si en un momento dado se necesita buscar una forma de comunicación para aportar a la construcción de la paz, puede ser", como señaló Carlos Garfias Merlos, arzobispo de Morelos.

Pero el caso de Rangel Mendoza no es el único. Desde hace más de un siglo se han hecho públicas reuniones entre distintos capos e integrantes de la Iglesia católica.

El obispo de Chilpancingo, Salvador Rangel Mendoza (Diócesis de Chilpancingo)

Entre las primeras reuniones está la que protagonizó el ciudadano chino radicado en Sinaloa Chang Wong, a quien en un artículo el académico Froylán Enciso lo señala como uno de los primeros traficantes de drogas en México. Ingresó al país a través de los Estados Unidos a inicios del siglo pasado.

Gracias a sus constantes encuentros con un cura católico se convirtió al cristianismo y fue bautizado con el nombre de José Amarillas.

Una de las reuniones más famosas se realizó hace 25 años en la Ciudad de México, después del asesinato del cárdenal Juan Jesús Posadas Ocampo en un fuego cruzado entre los cárteles de Sinaloa y Los Arellano Félix, el 24 de mayo de 1993.

El tiroteo se realizó en el estacionamiento de Aeropuerto Internacional de Guadalajara, y el objetivo era asesinar a Joaquín "El Chapo" Guzmán, quien presuntamente fue confundido con Posadas.

Las primeras versiones oficiales señalaban a los hermanos Ramón y Benjamín Arellano Félix de la muerte del cardenal.

Su religiosidad y cercanía con un sacerdote de nombre Gerardo Montaño los ayudó a reunirse con el entonces delegado apostólico en México, Girolamo Prigione, quien los recibió en la nunciatura a pesar de ser buscados por la Justicia.

Los hermanos Arellano Félix

Prigione se reunió con Ramón el 1 de diciembre de 1993 y con Benjamín el 16 de enero de 1994. Ambos buscaban explicar al representante del Vaticano que no eran responsables del crimen del cardenal.

"Y el nuncio los apoyó. Fue a Los Pinos (la residencia presidencial) para hablar personalmente con el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari; con el secretario de Gobernación, Patrocinio González Garrido, y con el procurador General de la República, Jorge Carpizo", publicó la revista Proceso el 13 de enero de 2010 en una nota con motivo de la muerte de Montaño.

Durante años, Montaño estuvo al frente de la parroquia en Tijuana, tierra de la familia Arellano que presuntamente lo apoyó con la construcción de templos. También casó a Benjamín con una joven de nombre Ruth, reseña Proceso.

Después del escándalo por su intervención con Prigione, Montaño afirmó a distintos medios que no sabía que la familia se dedicaba al narcotráfico y que conoció a Benjamín a través de Ruth, quien le dijo que era vendedor de casas.

El 26 de julio de 1996, publicaciones periodísticas señalan al cura Alejandro Corte, de la iglesia de Jesús Nazareno en Ciudad Juárez, Chihuahua, como el sacerdote que casó a la hija de Amado Carrillo, conocido como El Señor de los Cielos. Se desconoce si participó en otros actos religiosos de la familia.

A pesar de estos casos, el clero también ha sufrido la violencia del narco. De 2012 a la fecha, la Conferencia del Episcopado Mexicano tiene el registro de 21 sacerdotes asesinados.

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