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La investigación. Las realizaciones que pueden verse en esta muestra son el resultado de una tarea de recuperación y restauración por parte de Cristina Schiavi y Paola Vega.


En un pequeño libro, La enumeración caótica en la poesía moderna, el crítico Leo Spitzer estudia esta forma especial del estilo enumerativo y recuerda que “la enumeración había sido, hasta Whitman, uno de los procedimientos más eficaces para describir la perfección del mundo creado, en alabanza del Creador”. El “vigoroso asíndeton” del poeta norteamericano es el primero en romper con la idea de un listado prolijo y ordenado que reflejara ese mundo hecho a su imagen y semejanza. Por el contrario, en su poesía hay “catálogos del mundo moderno, deshecho en una polvareda de cosas, que se integran no obstante en una visión grandiosa del Todo-Uno”. Para Spitzer, Walt Whitman es “como un niño que estuviera hojeando el catálogo de una gran tienda”.

Una estética de bazar, en su estado más puro, es la que se ve en la muestra de Omar Schiliro, Ahora voy a brillar. Ya no es “como” el niño que revisa esas páginas de objetos modernos cotidianos, el inventario de productos de consumo, sino que directamente es el niño artista con todas las particularidades de esa edad. Y es el bazar con todo su esplendor; su oferta deslumbrante de plásticos y acrílicos. La mercancía al alcance de todos. Para ser la joya, el objeto de arte, en el instante justo en que Omar posaba sus ojos verdes sobre ellas.

Las realizaciones que pueden verse en esta magnífica muestra, resultado de una laboriosa tarea de investigación, recuperación y restauración de las más de treinta piezas por parte de Cristina Schiavi y Paola Vega, demuestran el trabajo con la forma y el color. No hay citas para dilucidar ni tradiciones en donde abreven. Las materias primas de sus obras son las de las amas de casa y empleadas domésticas: palanganas y baldes, escurridores de cubiertos y cucharas, caireles y compoteras. Objetos que van a dejar de utilizarse para lavar, baldear, trapear, plumerear, emplatar y servir a la mesa. En cambio, van a salir a jugar. A ingresar a un mundo de fulgor definitivo. Lo que hace Schiliro tiene mucho de cuento de hadas. Toca con la varita mágica de su imaginación desbordante a las Cenicientas del consumo, pobres y postergadas, para que puedan ser reinas para siempre. Es una transmutación ficcional que nada tiene que ver con la operación de sacar de la lógica del consumo para meterla en la lógica del arte. No se le ve la estrategia. En su lugar está el goce estético, la emoción que resplandece.

En los primeros años de la década del 80, Omar Schiliro, que nació en 1962 en Buenos Aires, trabajó de DJ en discotecas porteñas. A partir de 1987 se desempeñó haciendo bijouterie que vendió en ferias y locales de Buenos Aires, Mar del Plata, Rosario y Córdoba y, también, Santiago de Chile y Valparaíso. Hasta que un día conoció a Jorge Gumier Maier. Con él, su entrada al Centro Cultural Rojas y al mundo del arte. Bienvenida primavera, la primera muestra colectiva en la que participó, es de 1991. Siguió formando parte de algunas otras y haciendo su obra hasta 1994. No tiene ninguna impronta intelectual, incluso formación artística. En esa falta, entendida como carencia de bienes simbólicos y materiales, de escasa biografía personal de artista, su marginalidad, sus apenas pocos años entre sus comienzos y su muerte por VIH, está su potencia.

En ese sentido, Schiliro es un destello artístico y la frase suya que le da nombre a la muestra, Ahora voy a brillar, es sintomática. La pregunta es por ese ahora: ¿cuándo? A diferencia de la vanguardia, con ese nombre de guerra, que pugna por entrar en la historia del arte, arrasando con el pasado para construir un arte del presente y del futuro, que se manifiesta y necesita del conflicto, Schiliro ha creado pero sin pensar en su lugar para la posteridad. O, en todo caso, ha dejado una marca, una huella, una luz, para que alguien en el futuro se haga cargo de su legado. Podemos decir con alegría que ese tiempo ha llegado.

Ahora voy a brillar

Omar Schiliro. Idea y proyecto: Jorge Gumier Maier

Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat, Olga Cossettini 141, Puerto Madero.

Hasta el 10 de junio de 2018

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Laura Isola



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