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(Nicolás Stulberg)

A Florencio Randazzo se le salen los ojos de órbita.

—¡Insisten con una meta de inflación del 15 por ciento, están locos! —levanta la voz mientras hace girar su índice sobre la sien.

Las críticas al Gobierno retumban en la oficina 206 del Palacio Raggio, en la esquina de Moreno y Bolivar, donde el ex candidato a senador pergeña su futuro.

Sus allegados describen la escena que acaban de ver en la sala de reuniones. Dicen que no hay nada que distraiga en ese ambiente despojado, salvo un cartel de Cumplir —el nombre de la agrupación— y unas porciones de torta de manzana que seducen desde el centro de una larga mesa de madera.

Es jueves por la noche. Afuera cae una lluvia impiadosa, y dos pisos más abajo, en el hall de entrada, Infobae batalla para que el inquilino más famoso del histórico edificio rompa un largo silencio. No es nada sencillo.

Desde las elecciones de octubre que mantiene un bajo perfil, seguro de que es lo más conveniente para acelerar el proceso de reconstrucción del peronismo.

Finalmente, luego de arduas negociaciones, concede a regañadientes un diálogo express en la puerta del lugar.

—¿Por qué no quiere hablar?
—Lo que no quiero es tirar más nafta al fuego. Hay una realidad dura. Y hay sectores que creen que es mejor que esto explote.

—¿Quiénes?
—No importa. Pero ese no es el camino. Se equivocan los que promueven eso.

—En su entorno dicen que para usted la meta del 15 por ciento de inflación es una locura.
—¡¿Quién cree en una inflación del 15 por ciento?! ¡Por favor, claro que es una locura! Así como están las cosas este año vamos a un 25 por ciento, y hasta diría un 28 por ciento, de inflación —predice, agorero.

Habla de locos y de locuras. Y no es casualidad que en un momento de la breve conversación apele a una frase atribuida a Albert Einstein, esa que dice que "locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes".

Randazzo la adapta a la realidad argentina. "Qué podemos esperar de distinto del Fondo Monetario. Si uno recurre al FMI va a pasar lo que ya se sabe. Ajuste, ajuste y más ajuste, En materia laboral, en materia previsional, en varias cosas", se resigna, levantando los hombros.

—¿Recurrir al FMI es estar en crisis?
—No sé si en crisis pero que el Gobierno recurra al Fondo es una manera de blanquear la gravedad de la situación del país. Están los vencimientos de las Lebac, el próximo martes. Por lo que sé ya hubo reuniones en los bancos para retener las Lebac. Sé que hubo una reunión en el Banco Provincia. Vidal quiere retener las Lebac. Todo el Gobierno quiere retener las Lebac.

—¿Es la principal urgencia del Gobierno?
—Es una de las urgencias. Macri quiere que antes del próximo martes, antes del vencimiento de las Lebac, el Fondo comunique oficialmente que llegó a un acuerdo con el Gobierno. Pero, más allá de las Lebac, todas las variables macro están como el orto.

—¿A qué se refiere?
—Fijesé: una inflación que va a terminar en el 28 por ciento, un déficit fiscal de 6 puntos y un desajuste con el tipo de cambio que no sé cómo lo van a solucionar.

—Veo que para usted la salida no es el FMI.
—El Fondo pone condiciones de más ajuste. Y acá lo que hace falta es generar demanda agregada. El Gobierno, en cambio, prefiere seguir achicando.

Para el ex ministro de Transporte el plan económico del gobierno no sólo hace agua por todos lados sino que Mauricio Macri comenzó un camino de quiebre en la relación de confianza con la gente. "¡Esto es una bomba de tiempo. Este plan económico es una bomba de tiempo!", resalta, inclemente.

Esa misma mirada reprobatoria también la tiene respecto al tarifazo. "Otra locura. Ojo, estaba mal congelar las tarifas. Ese fue un error nuestro. Ese era un sistema que favorecía a los porteños en relación al resto del país. Pero no se puede ajustar las tarifas a los precios internacionales como pretende Cambiemos".

En ese sentido, Randazzo comulga con el proyecto que promovió el bloque Argentina Federal, que ata los aumentos a dos índices: el de los salarios y el del la variación de precios teniendo en cuenta la situación de las Pymes.

De todos modos, cree que el oficialismo pondrá todo su esfuerzo para que el freno al tarifazo que la oposición votó esta última semana en la Cámara baja sea rechazado en el Senado. "Si Macri no logra voltear esa ley en el Congreso ya avisó que lo vetará, y eso será de un costo aún mayor, un costo enorme para él", considera antes de salir raudo a un encuentro.

No dice con quién. Hace rato que viene reuniéndose con Sergio Massa, Miguel Angel Pichetto y Daniel Filmus, entre otros dirigentes peronistas. No lo hizo aún con Máximo Kirchner, aunque el líder de La Cámpora lo anda buscando.

A todos ellos les repite lo que predica desde hace tiempo: que para ganar en el 2019 hay que cobijarse bajo un mismo paraguas y dirimir las diferencias en unas PASO, sin excluir a nadie. Ni siquiera a Cristina Kirchner. La tarea, dice, es ímproba. Pero posible.

—No nos une el amor, nos une el espanto. El espanto a Macri —se ríe en el saludo de despedida. Y dispara, escurridizo como en los últimos tiempos, hacia vaya uno a saber dónde.

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