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Referente internacional en violencia de género brinda capacitaciones en Bariloche

El Municipio de Bariloche, junto a instituciones y organizaciones locales, se ha puesto al frente del trabajo para erradicar la violencia de género en ámbitos de ocio nocturno. A través del Centro de Prevención de Adicciones (CPA) de la comuna y el área de Género y Diversidad Sexual municipal, avanzan en acciones concretas de visibilización, capacitación y elaboración de protocolos de acción y prevención, junto al programa Ecos-Hueche de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia de Río Negro, y tres organizaciones sociales feministas: Feministas del Grupo Al Margen, Mala Junta y Lobo Suelto.

En momentos en que la lucha contra la violencia de género está más vigente que nunca, el foco de algunos especialistas se ha puesto sobre el ámbito de los boliches, bares y locales nocturnos: en un contexto que debiera estar asociado a la diversión, hay violencia, acoso, abuso y más.

La iniciativa en Bariloche surgió tras los primeros relevamientos y encuestas elaborados por el CPA municipal y la mesa de trabajo con adolescentes y jóvenes a lo largo del año pasado. Los resultados marcaban un diagnóstico grave: la mayor parte de las mujeres habían sufrido situaciones de acoso, abuso y violencia. Y surgía además una tendencia fuerte: en situaciones de consumo —de alcohol u otras sustancias—, el comportamiento violento en los hombres se naturaliza, mientras que en las mujeres resulta una justificación: el famoso “se lo buscó”.

Alejandra Schneebeli, secretaria de Desarrollo Social, Cultural y Deportivo —que engloba el CPA y el área de Género y Diversidad Sexual del Municipio— señala: “El Estado es el garante de los derechos. Tiene que estar presente para generar un cambio colectivo, por eso las organizaciones y el Estado tenemos que trabajar juntos, no necesitamos estar siempre enfrentados”.

Y agrega que este no es un tema menor: si afecta a las mujeres, significa que afecta aproximadamente al 50% de la población. “En Bariloche recibimos un montón de población adolescente, además somos una ciudad estudiantil, que incluso se define con su industria cervecera, sus bares y boliches —remarca—. Tenemos que poder lograr un equilibrio y que esto sea saludable y placentero, que todos podamos sentirnos bien de viaje de egresados, tomando una cerveza con amigos, volviendo de noche a casa, no debería ser un factor de inseguridad. Nos proponemos que la nocturnidad sea un espacio seguro, que las mujeres se puedan divertir, que puedan ser consumidoras respetadas en sus derechos y tomar acciones para eso”.

La operadora del CPA Marta Pizarro cuenta que, ante el escenario que se detectó en los relevamientos, desde el Municipio se contactaron con la Asociación Civil Red de Mujeres, que en Buenos Aires encabeza la campaña “Fanáticas de los boliches”, vinculada justamente a esta temática. En ese marco, se lanzó en Bariloche la campaña “Que la noche sea nuestra”, y ya comenzaron las capacitaciones con equipos técnicos municipales, organizaciones, funcionarios, empresarios y personal de locales nocturnos, de cara a la elaboración de protocolos de prevención y de acción concreta ante estas situaciones.

“Buscamos generar una disputa de sentido, en algunas situaciones con adolescentes surge la cuestión de responsabilizar a las mujeres sobre su consumo, sobre lo que hacen, y naturalizar la conducta de los varones, las situaciones de violencia y acoso que suceden especialmente en el ámbito de la nocturnidad, que es donde muchas veces se dan los consumos”, explica. “Esto abarca desde que te digan algo sobre tu cuerpo, que alguien te siga cuando te estás yendo, que te toquen y otro tipo de situaciones más graves —indica—, y por eso además de trabajar con los adolescentes apuntamos a los locales nocturnos, que tienen un particular interés porque son situaciones que les pasan pero que no saben cómo resolver en el momento, no hay herramientas ni protocolos específicos”.

El femicidio de Melina Romero y la justificación de la violencia

María del Mar Ramón es una de las fundadoras de la Asociación Civil Red de Mujeres, y lleva años de investigación en esta área. Colombiana y radicada en Buenos Aires desde 2012, hoy es una referente internacional en la lucha contra la violencia de género y el trabajo con distintas instituciones privadas y estatales.

Cuenta que el proyecto “Fanáticas de los boliches” se concretó en 2017 pero venía rondando desde 2014, cuando en San Martín (Buenos Aires) ocurrió la violación y femicidio de Melina Romero, una adolescente de 16 años que fue abusada y asesinada presuntamente por cuatro varones después de festejar su cumpleaños en un boliche.

“Lo llamativo del caso fue que los medios hicieron un ejercicio tremendo de aleccionamiento sobre Melina Romero, porque por desgracia la última imagen que teníamos de ella era dándose besos fuera del boliche —relata María del Mar—. Y salió este titular terrible y nefasto de Chiche Gelblung, que no le vamos a perdonar nunca: «Una fanática de los boliches que abandonó la secundaria». Y estamos hablando de la violación y el femicidio de una niña de 16 años”.

La investigadora señala que “hubo tanto énfasis de toda la sociedad, del sentido común, con una violencia simbólica tal, en que ella se lo había buscado, que finalmente al día de hoy no hay justicia, no fue un juicio claro, la Justicia argentina no le dio trascendencia, se perdió prueba, hubo una testigo terriblemente maltratada y vulnerada, y eso le sucedió al poder judicial argentino, que es absolutamente patriarcal y machista, porque la idea de que ella se lo había buscado por salir a bailar imperó por sobre la clara necesidad de hacer justicia frente a un femicidio brutal de una adolescente”.

Un punto de partida para la acción

Tomando el pie de aquel cuestionado titular periodístico, la campaña “Fanáticas de los boliches” impulsada por Red de Mujeres tomó vuelo y comenzó un arduo trabajo de concientización y capacitación, especialmente dirigido a propietarios y trabajadores de locales de ocio nocturno, con el objetivo de elaborar protocolos de prevención y acción particulares ante situaciones de violencia tanto física como psicológica.

No era tan necesario trabajar con las mujeres —“las mujeres ya sabemos qué tenemos que hacer, reconocemos el acoso y abuso”, observa María del Mar— sino profundizar en la prevención con los varones: “Definir acoso, definir consentimiento, que todos estemos sobre el mismo marco teórico y estemos entendiendo lo mismo, porque que lo que estamos denunciando hoy son conductas y prácticas que hace 10 años estaban naturalizadas, avaladas, festejadas, eran parte de la masculinidad, y eso también requiere que les hablemos a ellos con calma y paciencia”.

También es necesario evitar que los boliches, bares y centros culturales tomen prestados protocolos de otros locales, sin un diseño específico de herramientas propias ni una capacitación previa. Eso fue una dificultad inicial para la campaña en Buenos Aires: “Empezó a ser muy grave, porque la idea de promocionar que tenés un dispositivo y una formación para contener una situación a una mujer que pasó por una situación de violencia y está vulnerable, ofrecer eso sin realmente tenerlo es una falta ética, grave para los locales y para las mujeres. Porque es replicar lo que pasa hasta hoy con el Estado: salir a dar respuestas simbólicas a problemas materiales”.

Por eso, en Bariloche el Municipio y la campaña “Que la noche sea nuestra” están implementando la misma modalidad de trabajo que se desarrolló desde la Red de Mujeres: sensibilizar y capacitar a los actores involucrados, y a partir de allí construir en conjunto las herramientas y protocolos apropiados para cada lugar. “No hay soluciones genéricas”, afirma la investigadora, y asegura: “Necesitamos herramientas que salgan del marco punitivo, que puedan ser más creativas e integrales, porque esta problemática hay que erradicarla y no simplemente censurarla o prohibirla, por eso el punitivismo ha sido tan corto para resolver este problema, que es cultural”.

En ese sentido, María del Mar destaca que “celebramos muchísimo que el Municipio esté tomando esta clase de acciones, el trabajo ha sido impecable y estoy fascinada con todo lo que hace el CPA, es fundamental trabajar con esta perspectiva para un lugar que recibe a tanta población adolescente y puede generar ese cambio cultural”. Y marca la importancia de “la iniciativa de la Municipalidad de Bariloche y del CPA particularmente en haberse puesto al hombro el generar datos, eso no es algo menor para poder hacer un diagnóstico”.

“Tenemos que volver la nocturnidad un ámbito seguro para las mujeres y las adolescentes —reflexiona—. Hoy la noche es una condición de posibilidad para la violencia machista y es tremendamente aleccionador ese ejercicio sobre el espacio público y sobre el placer de las mujeres. Porque hemos avanzado en conquistas pequeñas de un consenso social de que está mal matar a tu pareja, pero cuando hablamos de derechos como emborracharte, consumir, salir a bailar, la sociedad pone un paro. Y nosotras entendemos el feminismo como la buena vida de las mujeres, una vida placentera a la que tenemos que tener derecho y acceso”.

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