Londres, sensaciones tras una segunda visita

Londres, sensaciones tras una segunda visita

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Mi segunda visita a Londres ha sido más breve que la anterior pero muchísimo más intensa. Sin embargo, aunque iba con un pensamiento positivo respecto a la ciudad, he regresado con unas sensaciones muy similares a mi anterior viaje.

He seguido contemplando una ciudad multicultural, lo que resulta algo positivo por la intensa mezcla de rasgos y rostros, formas de vestir, moverse y por supuesto los sesgos culturales que se destilan pero que, a la vez, le restan cierta “gracia” en el sentido antropológico porque es más complicado observar a los “nativos” por decirlo de alguna forma. Es más complejo hacerte una idea identitaria de Londres, percatarte de su esencia. Aunque claro, quizá su seña identificativa sea precisamente esa, su multiculturalidad, el que camines por sus calles y que escuches todo tipo de lenguas y todo tipo de variedades y acentos del inglés, menos ese inglés británico de la BBC que se han empeñado por años en hacernos aprender.

Por supuesto sigue siendo caótica y ruidosa. Y lo ha sido mucho más en esta ocasión porque hay muchísimas obras especialmente en la ciudad de Westminster lo que complican el tráfico, lo que aumentan el ruido. Sin embargo, en este viaje a Londres, me ha dado tiempo a observar que existe un cierto orden dentro de ese caos de personas que se deslizan de acá para allá con sus paquetes de comida preparada, sus vasos de café para llevar, las bolsas de Harrod’s o los ramos de flores. Caminan de forma ordenada, como si en las calles hubiese caminos invisibles para nosotros. Porque éramos nosotros los que las primeras horas en Londres nos chocábamos con toda persona que encontrábamos… hasta que en algún momento indefinido nuestros pasos se encarrilaron de forma natural por esos caminos trazados no visibles.

Y sigue siendo gris, aunque me he percatado que tras un buen chaparrón, cuando los rayos de sol caen por entre las nubes y se reflejan en el suelo empapado, ése gris se tiñe levemente de dorado y la ciudad parece vibrar por unos segundos con suaves colores efímeros que rápidamente se desvanecen. Y es que Londres, a pesar de todo, sigue teniendo ése aura grisácea que todo lo envuelve como si la luz que la impregnase fuese la que se filtra a través de un cielo permanentemente nuboso aunque el sol esté brillando espléndido en el firmamento.

Londres

No puedo evitar acordarme de algún modo de ése poema de William Blake titulado “El deshollinador” donde cuenta la triste vida de los niños que trepaban por las chimeneas y morían de enfermedades, de hambre, de frío, y en el que narra lo inclemente de la ciudad, en aquellos momentos en los que Londres impulsó la Revolución Industrial. Fui con idea de que esta imagen no me atrapase mientras caminaba por las calles de la capital del Reino Unido… pero allí, in situ, ése poema venía a mi mente al deslizarme por el entramado de la ciudad y rodearme de su ambiente.

Multicultural, caótica y gris. Sí, así es para mí. Y, curiosamente, esta fotografía evoca de alguna forma lo que son los tres vértices que conforman el prisma de lo que me transmite Londres.

Londres

Pero ¿Y para a ti? ¿Qué provocará en ti pasear por la ciudad? ¿Te impregnará también de estas sensaciones? ¿O será todo lo contrario? Pues la única forma de saberlo es viajar a Londres y descubrirlo por ti mismo ¡Adelante!

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