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Villa La Angostura, entre sus indiscutibles atractivos turísticos, ofrece un recorrido único en el mundo. Al final de la península de Quetrihué (en mapuche, “donde hay arrayanes”), un bosque color canela de unos 400 años de antigüedad sorprende a los visitantes.

¿Cómo llegar? La manera más sencilla es embarcado. Todos los días, un catamarán parte a las 10:30 y a las 14 desde bahía Brava y bahía Mansa (ahora hay dos salidas diarias, pero en temporada alta son cuatro por día). También embarcaciones chicas de prestadores privados salen de la Mansa con 10 a 12 pasajeros. Es una hora de navegación en cada tramo.

Pero eso no es todo. Un sendero autoguiado de 12,5 kilómetros atraviesa toda la península, con mojones y carteles indicadores cada 500 metros, ideal para aquellos que prefieran ir caminando o en bicicleta.

“Ahora que los días son más cortos hay que salir por la mañana. El ingreso al Parque está abierto de 9 a 11 para hacerlo caminando y hasta las 12 en bicicleta”, señaló Matías, de la Oficina de Turismo de Villa La Angostura. Sucede que se calcula que la excursión insume unas siete horas a pie y cinco en bici. Además “el sendero en bicicleta es de dificultad alta. Se requiere ser mayor de 12 años, uso de casco obligatorio y sólo una persona por bicicleta”, agregó Matías.

Sin importar que forma de llegar al bosque se elija, siempre hay que pagar el ingreso al Parque Nacional, que tiene un valor general de $ 300 pero descuentos para residentes nacionales, provinciales, niños y jubilados.

La caminata

El sendero parte desde el istmo de Quetrihué. Está bien señalizado y mantenido adecuadamente, lo que lo transforma en un recorrido de dificultad media. En el primer kilómetro y medio se dan los mayores desniveles, que permiten acceder a tres puntos panorámicos, con sólo desviarse unos 10 o 15 minutos del camino principal. Desde los miradores se pueden apreciar el istmo con sus dos bahías, la zona del puerto y, por supuesto, la cordillera de los Andes en todo su esplendor.

Luego la caminata se vuelve más tranquila, entre coihues, ñires y radales. Al llegar al kilómetro 10 aparece la laguna Patagua. Allí los senderistas suelen descansar, claro que en verano siempre alguno se da un chapuzón.

Un poco más adelante surgen arrayanes por doquier. Al final de la península, una pasarela de madera de 800 metros permite recorrer el bosque y allí espera una casa de té para el merecido descanso antes de pegar la vuelta.

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